Storie italiane di Italiani nel mondo.
ALFREDO OSCAR NAZARIO

di | 1 Dic 2011

RESEÑA RESUMIDA DE UNA VIDA

   El verano de 1951 en Italia estaba llegando a su final. Había sido una estación de mucho calor y humedad. Sin embargo se vivía un clima de esperanza, y de confianza en el futuro. Se habían cumplido los 100 años de la Unidad de Roma, y la Constitución del 1948 era una realidad en todo las Instituciones del país.

Mis padres se habían trasladado desde Cuneo a Roma, aproximadamente tres meses antes, en espera del nacimiento de su tercer hijo. El objetivo era que una vez nacido, se tramitaran de prisa los documentos necesarios para iniciar un viaje hacia un país para ellos desconocidos, pero de los cuales sus ascendientes hablaban como una gran Nación.

El viaje se había postergado justamente al enterarse mi madre, al inicio del año de su tercer embarazo.

El calendario marcaba 8 de septiembre, y su tercer hijo, también varón, llegó a este mundo. Ese soy yo, Alfredo Oscar…. El primer nombre por mi abuelo, que en realidad era Chiafredo, el segundo aún a mis 60 años no lo se, eran otros tiempos y antes no se preguntaba.

Cincuenta días aproximadamente viví en Italia, para luego en Barco iniciar la travesía hasta la República Argentina, llegando primero al Puerto de Buenos Aires y desde allí viajar al Norte del país, a la Provincia de Salta, donde mis abuelos paternos y maternos estaban radicados desde hacía ya bastante años, habiendo creados dos panaderías , “La Higiénica” y la “Princesa”.

Pocas semanas después fui bautizado en la Parroquia de San Juan Bautista de la Merced, bonita iglesia de estilo gótico, y que estaba muy cerca de la vivienda de mi abuela materna, donde nuestra familia residía. Un matrimonio, amigos de mis abuelos, fueron los padrinos. Muy poco recuerdo de ellos, creo que eran demasiados mayores y pronto dejaron de vivir.

Mis padres, ambos profesionales, comenzaron a trabajar sin inconveniente. Evidentemente mis abuelos habían preparado todo para que no tuvieran dificultades. Siendo aun muy pequeño, falleció mi abuelo paterno, que evidentemente era el aglutinador de la familia. Ahora se que a partir de esa fecha muchas cosas comenzaron a cambiar y que lamentablemente años mas tardes serían evidentes.
 


Lavoratori diretti in Argentina sul ponte del "Conte Biancamano" con il capitano della nave nel 1950
Pocos años mas tarde inauguramos una hermosa vivienda, que se hizo construir, en donde disfruté de sus comodidades y espacios hasta que comenzó mi aventura de viajar. Recuerdo con muchísimo cariño, los almuerzos de los domingos, la pasta (ravioli, gnocchi, spaghetti, tortelloni) amasada en casa y luego pasada por un vieja maquina que se adosaba a la mesa de madera. Mi madre era además una especialista en amasar para Navidad il panettone, que disfrutábamos toda la familia.

Siendo aún muy pequeño, recuerdo que reunidos en familia, se nos dijo que en todo momento debíamos hablar y escribir en castellano, para evitar errores de confusión de gramática o de ortografía. Mis padres trabajaban mucho, y nos inculcaron que el estudio era nuestro trabajo, que no había excusa para no cumplir, disponíamos de todos los materiales necesarios, para que pudiéramos optimizar nuestro rendimiento.

En la vida diaria, la diferencia de edad con mis hermanos mayores era notable, yo era aun un bebe y ellos estaban en la escuela primaria. A medida de mi crecimiento esa diferencia se hizo mas marcada, no participando nunca de sus juegos o de sus amigos. Al comenzar sus estudios secundarios, de Bachillerato, se decidió que lo hicieran en un Liceo Militar, como no había en Salta ese tipo de Instituto, debieron viajar a vivir a una Provincia situada a 900 km de Salta. Solo volvían a casa para vacaciones de invierno, Navidades, y unos 10 días en verano.

Por esa fecha, me apasioné al deporte, especialmente al Atletismo, donde llegué a destacar en las pruebas de pistas, el futbol, que jugaba solo porque era el dueño del balón, también me gustaba la natación, el tenis, aunque mi técnica no era de las mejores.

Estudiaba en la escuela primaria, a la tarde concurría al Instituto a estudiar ingles, también a la academia de declamación (hoy diríamos aprender a hablar en público). A esta última me gustaba ir, porque estaba al lado de la Sociedad Italiana de SSMM, luego de la academia nos íbamos a jugar allí. Por supuesto que me daba tiempo para ir todos los días al Club de Gimnasia y Tiro, donde fueron mis mejores momentos de niñez y juventud y además encontré a mis mejores amigos.

Tres recuerdos de ese tiempo:
De Mis padres: eran personas muy trabajadoras, quizás poco expresivos en sus afectos, pero siempre se les veía felices. Un día nos reunieron, para decirnos que su matrimonio había terminado. Una gran desilusión, que me costó mucho tiempo aceptar y aún comprender. Papa se fue de casa, aunque todas las semanas nos visitaba, mostrándose siempre muy cordial con mi madre.

De Mi primer problema: fue en julio del año 1962, invierno de Argentina, verano en Italia. Con un tío paterno, viaje a Cuneo y estuve tres semanas. Al regresar a la escuela, la maestra solicitó que redactáramos las actividades realizadas durante las “vacaciones de invierno”. Escribí “…
Estuve en el mar bañándome, con mucho sol y calor….” Me dijo que estaba mintiendo, y me ridiculizó ante mis compañeros de clase, solo lo creyó cuando la Directora de la escuela le informó sobre mis viajes a mi país de nacimiento….

De mi afición por la lectura (especialmente historia de Italia), de mi pasión por el deporte, y mi gusto por la Coca Cola (que originó la postergación de la fiesta de mi primera comunión hasta que se comercializó en Salta). Aún conservo ese gusto y es para mí, la mejor bebida refrescante.
 

Durante el último curso de primaria, con mis compañeros y amigos, hacíamos planes de nuestros futuros estudios de bachillerato, como así al colegio que iríamos. Parecía que todo estaba bien, creía que mis padres y los de mis amigos estaban de acuerdo. Sin embargo, un día luego de la merienda, mi madre me explicó los tres sistemas de estudio secundario que coexistían: “Bachiller: para aquellos que en el futuro piensen ir a la Universidad, a estudiar cualquier licenciatura , excepto las económicas o ingenierías, Perito Mercantil : los en el futuro irían a la Universidad a estudiar las carreras económicas o de lo contrario a trabajar en el comercio o en la industria, Industrial : para los estudiarían para ingenieros o trabajasen en el futuro de técnicos.

No entendía esa conversación, porque pensé que ya estaba todo decidido. Sin embargo, en un momento me dijo ”el próximo curso académico inicia sus actividades un nuevo colegio que combina dos sistemas, con una doble titulación: Bachiller – Perito Mercantil, son seis años de estudios, en vez de los cinco de los otros estudios, pero es lo mejor”. Intenté negarme, pero estaba todo resuelto. Al día siguiente mis amigos también habían recibido esa misma noticia. Así ingresé al Instituto Parroquial San Alfonso, colegio católico de sacerdotes redentoristas, primero con doble titulación, primero que siendo de sacerdotes, era mixto (varones y mujeres), primero que siendo religioso los profesores eran laicos. Allí me formé, conocí nuevos amigos, allí pasé los mejores años de mi juventud, que me forjaron en mi carácter, en mis convicciones, y en mi forma de actuar. Nunca hubo alguna discriminación por mi nacionalidad, cariñosamente me decían “tano”, como a otros “turco” (eran árabes),” gallegos” (a los españoles) o gringos “a los otros”. También conocí a mi consejero espiritual Padre Santiago Andrés Ibáñez, un lujo de persona, de entrega y humildad. Cuando estaba por viajar me decía: ”los viajes tan largos son peligrosos, no realices tanto”. Sin embargo él perdió la vida en una corta peregrinación, el día de mi cumpleaños en 1974, mientras yo estaba nuevamente de viaje.

Mis hermanos realizaban sus estudios superiores, fuera de la provincia, uno a más 1.700 km y el otro a unos 320 km. Mis padres debían alquilarles una vivienda para que ellos residan, en cada provincia donde estudiaban, por lo que la situación económica en casa no era igual.

Mis viajes a Italia dejaron de ser anuales, y durante esos seis años, solo pude viajar tres veces, con período de estancia bastantes cortos. Para pagar el último, trabajé durante los fines de semana, mas de un año, escribiendo crónicas deportivas, y llevando la contabilidad de pequeños comerciantes. El viaje no fue el ideal, en Cuneo algunos familiares habían fallecidos, otros eran mayores, sus hijos casados y con otras ocupaciones. Decidí estar solo unos pocos días, me fui a Roma, me alojé en una vieja pensión cerca del Pantheon, estuve todos los días caminando, conociendo nuevos lugares y visitando a aquellos que ya conocía, y soñaba con quedarme allí. Me ilusionaba pensando que era protagonista de esa historia fantástica de mi Roma. Fue muy triste mi viaje de regreso a Argentina, pensé que no retornaría a Italia.

Ese año terminé mis estudios de Bachiller – Perito Mercantil, integrando la primera promoción de graduados, han pasado mas de cuarenta y un años de ese momento, pero jamás dejaré de agradecer a mis padres por su visión, a los profesores, compañeros y amigos por todo lo que aprendí durante esos seis años.

Debía ingresar a la Universidad, mi elección de estudios estaba decidida desde hacía mucho tiempo, Ciencias Económicas, para desilusión de mi madre que esperaba que fuera Médico, también había resuelto irme de Salta, donde no había universidad pública, sólo una privada, la Universidad Católica, por lo que no acepté una beca. Realicé los exámenes de Ingreso a la Universidad y aprobé sin ninguna dificultad.